Por Chacho Candia

 

Una flor muy diferente

En mi tierra conocí

Que para servir a su gente

Su respuesta es siempre, "Sí"

                            Margarita forjó un templo

                            Con fe, constancia y empeño

                            Hoy, escuela y ejemplo

                            Para todos los cruceños

Son algunas estrofas de la poesía que el, ya desaparecido -pero nunca olvidado- bardo  cruceño, Humberto Vaca Pereyra, escribió y dedicó a Margarita Guillaux Vda. de Flores, en ocasión de ser coronada por el patricio cruceño Juan Franco Suárez, como Reina del Carnaval de Antaño, en el año 1982. Y, es que esta distinguida dama cruceña siempre se ha caracterizado por su vocación de servicio y amor a su tierra camba.

Hablar con Margarita Guillaux es ingresar a un pasado cruceño glorioso y quedar inmerso en una página de oro que escribieron hombres y mujeres, cruceños de otra época, en la historia de esta nuestra hermosa Santa Cruz. Algunos, como el suscrito, que no asumimos papeles protagónicos por razones de edad, fuimos testigos de aquellos tiempos, donde los hombres eran más hombres, y las mujeres... bueno, ellas siguen siendo... lo que siempre fueron.

El estoico temple de la mujer cruceña jamás languideció, sigue, ondeante sobre las palmeras de nuestras llanuras, sobre las torres de nuestra Catedral, siempre alerta, oteando el horizonte. No son sólo palabras, nuestra entrevistada, que ya superó las ocho décadas, está presente en cuanta manifestación de apoyo al terruño se produce. Margarita Guillaux es digna hija de su padre, Don Gastón Guillaux Humery, ilustre compositor del himno cruceño que fue profesor de piano de Amalia Caro, Carmencita y Blanquita Foianini, así como, también, de la familia Telchi.   Su madre fue Doña Micaela  Balcázar de Guillaux. Sus  hijos son: Alberto, Rosita, Bernardo, Agustín, Julio César y José Fernando.

Jubilada del Magisterio con 32 años de servicio, Margarita Guillaux, casada en primeras nupcias con Don Agustín Rojas, y, posteriormente, con Don Ramiro Flores, fue presidente y fundadora del Círculo de la Amistad, un grupo de simpáticas damas que hicieron mucho bien a nuestra comunidad organizando y amenizando eventos de beneficencia que recaudaban jugosas sumas de dinero destinado a mitigar los problemas de los más necesitados, sobre todo en el área de la salud.

Margarita, también fue miembro del Honorable Concejo Municipal de nuestra ciudad en el año 1986, por ADN. Ella, finalmente, renunció a su cargo por considerar que no podía ser una marioneta. Al mismo tiempo renunció a su filiación política, una parte de su renuncia, reza, así: "...los postulados del partido no se están cumpliendo, por el contrario, se están desvirtuando; ningún favor hacen al partido, y menos al pueblo, aquellos militantes que pretenden salvarse del infortunio personal por la vía del cargo público en vez de hacerlo por el trabajo productivo",  hecho éste que habla claramente de los puntos que calzó  Margarita Guillaux a lo largo de su  inefable existencia

Llegamos hasta el domicilio de Doña Margarita, quien nos esperaba con una mesa muy bien servida y surtida de deliciosos productos de, cuándo no... por supuesto, de "La Predilecta". Pasamos una tarde de aquellas para recordar, por momentos regada de lágrimas, pero muy hermosa.

ZOOM.- ¿Qué recuerdos tiene de las representaciones que hacían las damas del Círculo de la Amistad?

M.G. Vda. de F.-  En 1974, durante la coronación de Josefina Zambrana de Pavisich, como Reina del Carnaval de Antaño, en el local  "Mau Mau", salí caracterizada como canillita vendiendo periódicos, voceando, "El Deber" y "El País", que eran los diarios de la época. Había una mesa de falangistas desde donde me pidieron a gritos: "Canillita, dame "Antorcha", ese era el periódico de Falange, y como no lo tenía, les contesté lo primero que se me ocurrió: "Fue el primero en agotarse, no me queda ninguno", un fuerte aplauso fue el premio a esa ocurrencia.

Esa misma noche, un señor del Beni, Humberto Salvatierra, que estaba en el público, me gritó: "Canillita, dame un periódico", yo presurosa fui y le entregué un ejemplar, y él me dio 1.000 bs. Yo no lo podía creer, eran diez billetes de cien, esos de color rojo. Entonces me subí al escenario tomé el micrófono y, mientras me abanicaba con los diez billetes de cien, dije: "Aquí veo a la familia del Ing. Dante Pavisich, quien no se va a quedar atrás...", entonces se levantó el Ing. Pavisich, y dijo: "Véndame a mí también un periódico, aquí hay mil bolivianos", a lo que la gente respondió con un gran aplauso. Luego miré un poco más allá y ubiqué al Dr. José Gutiérrez Gutiérrez, y dije: "Y aquí está, nada menos que el destacado médico cruceño, Dr. José Gutiérrez G. que tampoco se va a quedar atrás", al momento se levantó el Dr. Gutiérrez y dijo: "Tráigame otro periódico, lo compro en mil bolivianos". Fue así como esa noche vendí tres periódicos en tres mil bolivianos...   

ZOOM.- ¿Y de las luchas cívicas de la década del 50?

M.G.Vda. de F.- Cómo olvidar la vez que Siles Suazo quiso aterrizar en "El Trompillo", aquella vez, un grupo de valientes mujeres cruceñas, entre quienes estaban, Elfy Albretch, Giselle Bruun, Elena Salvatierra, Alicia Ribera de Cerrutti, y la suscrita, fuimos al aeropuerto, pusimos turriles y nos plantamos en la pista de aterrizaje impidiendo que ese hombre pisara tierra cruceña. Otra ocasión, también en "El Trompillo", fue el recibimiento apoteósico que le brindamos a nuestro líder, Dr. Melchor Pinto Parada, a su llegada del exilio en el Perú.

ZOOM.- ¿Qué extraña de Santa Cruz de antaño?

M.G.Vda. de F.- En mi Santa Cruz de antaño se vivía y hasta se dormía con las puertas abiertas. Mi madre, y vecinas como la señora Teresa Romero de Bejarano, Obdulia de Banzer y Bella Bejarano de Salvatierra, acostumbraban hacerlo. Todo era diferente, más franco y tranquilo.

ZOOM.- ¿Su mayor alegría?

M.G.Vda. de F.- El haber formado a mis hijos, verlos profesionales y personas dignas. El haber cumplido mi misión de madre, es algo que me alegra mucho el corazón.

ZOOM.- ¿Su mayor tristeza?

M.G.Vda. de F.-Perder a mi ejemplar padre a la corta edad de 11 años.

ZOOM.- A propósito de su padre, ¿qué recuerdos tiene de quien legara a la cruceñidad nada menos que su himno, el himno cruceño, Don Gastón Guillaux Humary?

M.G.Vda. de F.- Tengo los más dulces recuerdos. Hubo ocasiones en que sonaban tres pianos en mi casa, mi padre tocaba un piano, -que al morir él, compró la familia Telchi-, mi hermana Luisa tocaba otro, y, Carmen Vilar, alumna de papá, tocaba un tercer piano. Todos los sábados él nos decía: "Esta noche va haber sabatina", entonces nosotros reuníamos a nuestras amigas y, mientras ellos tocaban el piano, nosotros bailábamos y cantábamos alrededor de la mesa redonda de la sala. Eran tiempos lindos...

Finalizando la visita a nuestra entrevistada le recordamos que conocemos de sus dotes de cantora, y ella nos responde cantando a capella, con firme y afinada voz, "Amargura", el vals del limeño Laureano Martínez:

 

     Quisiera que volvieran los días de mi infancia

     Para vivir alegre y sin preocupaciones

     Quisiera que volvieran los días tan felices

     De esas lejanas horas que aún viven en mi mente.

 

     Pero todo es quimera y pura fantasía

     Los días que se fueron jamás han de volver

     Por eso es que muy triste voy siempre delirando

     Soñando con la infancia que nunca más vendrá...

 

Sí, Margarita, eran hermosos tiempos, tiempos de serenatas, de guitarras, de hermosas mujeres NATURALES, de calles arenosas argentadas por una luna cómplice de una cambita enamorada... época de una Santa Cruz que ya se fue, que se perdió en la inmensidad del tiempo.